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El “juego” del amor

Estarán de acuerdo conmigo que encontrar pareja no es nada fácil; y es que a veces las personas somos TAN complicadas, o mejor dicho, nos complicamos la vida.

Siempre me ha costado trabajo entender cómo es que si tú le gustas a alguien y ese alguien te gusta… ¿por qué se vuelve tan difícil comenzar una relación? A veces creo que es por el mismo miedo –de ambas partes- de volverse vulnerable. Nadie ha dicho que abrir el corazón sea cosa fácil y menos si ya te lo han roto alguna vez, pero tampoco es bueno ir con un caparazón que no deje entrar a nadie, ¿no creen?

Cuando conoces a alguien y empiezan a salir, típico que aunque te mueres de ganas de hablarle, te las aguantas para que no piense que ya te tiene segura, o cuando estás con él y quieres decirle cuánto lo quieres, no lo haces hasta que él sea el primero en decirlo, por miedo a que no sienta lo mismo… Por poner algunos ejemplos.

Entonces caen en un “jueguito” que al final termina confundiendo a los dos y ninguno sabe si arriesgarse con el otro porque siente que la otra persona no está tan interesada… Y esto se convierte en un círculo vicioso que es difícil terminar a menos de que uno se arme de valor y decida hablar con claridad… Algo que no siempre pasa.

A mí me pasó con el que era el “hombre de mis sueños”, por intentar hacerme la difícil, lo único que logré fue alejarlo y luego me enteré que él sí quería bien conmigo pero dejó de buscarme porque no le gustó que me hiciera tanto del rogar…

No estoy diciendo que en la primera cita debemos declarar nuestro amor, lo único es ser sinceros y al final si la otra persona no siente lo mismo, nos habremos ahorrado tiempo y tal vez unas cuantos dolores de cabeza por intentar descifrar las “señales”.

Dejémonos de juegos y hagámosle caso al corazón.

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Soy como el Rey Midas

… ese Rey que todo lo que tocaba lo convertía en oro… bueno, ojalá yo pudiera hacer lo mismo, la realidad es que parece que yo todo lo que toco lo convierto en NOVIO… ¡pero no mío! De unos meses para acá me he dado cuenta de esta cruel realidad.

 

CASO 1: Estuve saliendo el año pasado con uno como por tres-cuatro meses, cuando decidimos hablar para “formalizar” el asunto, ni él ni yo estuvimos tan convencidos… así que quedamos como amigos -y  no con derechos-. Meses después ¡él ya tenía novia! y lo proclamaba a los cuatro vientos. ¿Qué no se suponía que él no sabía si quería una relación formal?

 

CASO 2: Un amigo –de esos que conoces por años pero que realmente la relación jamás ha sido TAN cercana- me pidió ayuda para un proyecto personal que tenía, yo inocentemente le dije que sí. Bueno, ese día ya que habíamos terminado “el proyecto” ¡que me planta un beso!, jamás lo vi venir pero la verdad él siempre me había parecido guapo… así que dije: “¿Por qué no?”.

 

Después de eso empezamos a vernos más seguido, eso sí, él no se cansaba de decirme que como acababa de terminar una relación, lo que menos quería era meterse en otro compromiso, no por ahora (que se quería esperar un año para tener novia). Acepté porque yo estaba en el mismo rollo. ¡Ja! Poco después (aclaro que aún se besaba conmigo) empezó a subir fotos a Facebook de él con una chava… la misma que hoy (a MUCHO MENOS del “año sabático” que se quería tomar) ya es su novia y con quien en este momento está disfrutando de unas ricas vacaciones de semana santa…

 

CASO 3: Él era el amigo de un amigo… el día que lo conocí pensé: “¡Uff! Que guapo!”, jamás imaginé que se fijaría en mí… pero lo hizo… y empezamos a vernos religiosamente todos los jueves. Como cual película romántica: paseábamos de la mano y me decía que le encantaba, que me quería –obvio no lo tomé en serio, era muy pronto-. Para mí era el hombre perfecto, pero tenía un único defecto: tenía el ego por los cielos y a veces le salía lo patán. Por supuesto que tampoco él iba por la vida buscando a la mujer de sus sueños, así que lo tomé como eso: un tipo guapísimo con el que me la pasaba bien.

 

Me cansé un poco de este “juego” de vernos cada semana y dejé de buscarlo, un día me habló y me preguntó que si yo ya tenía un nuevo romance o qué, porque no entendía la razón por la que yo lo hubiera olvidado de esa manera, le dije que para nada, que nos viéramos y su respuesta fue: “Sí, aprovéchame mientras ando soltero porque estoy a nada de tener novia”. Ya se imaginarán mi cara, ¿cómo era posible que el que parecía ser un eterno soltero de repente ya también iba a formalizar con alguien? y esa alguien ¡no era yo!

 

Podría seguir con más ejemplos jaja pero tampoco se trata de tirarse al drama ¿no? Lo cierto es que no me duele que ellos prefirieran a alguien más que a mí, finalmente yo no estaba en el rollo de querer tener novio. ¿Será justo eso lo que hacía que no me vieran como una candidata para novia? ¿Ustedes creen en que uno manda señales sin darse cuenta?

 

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  • No importa cuál sea tu status: felizmente soltera, casada, viuda, enamorada, en busca del hombre perfecto… Lo cierto es que a todas –sí, sean sinceras- nos la “han aplicado”, tampoco queramos hacernos las santas y confesemos que también hemos usado esta frase para huir de un amor…