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Flechando al equivocado

Es horrible que mueres por un chavo, mueves cielo, mar y tierra para hacer que te llame o para causar encuentros por “coincidencia”, pero ¡no te pela! o a veces te hace caso pero no hay continuidad y típico que el que no te gusta ¡te atosiga!

Cuando quieres con alguien te gustaría encontrártelo casi casi cada que sales a la calle. Cuando llega el fin de semana, hablas con los amigos para armar plan y haces TODO para ir al lugar que él siempre va, pero ¿qué pasa? llegas, lo ubicas al segundo, haces como si no lo hubieras visto pero obvio lo tienes súper detectado y ¡que comience el show! Te luces como si nunca hubieras salido con amigas o estado en un antro, sin olvidar las vueltas que te das frente a él por si no ha notado que estás ahí, hasta que llega el momento de saludarlo. Si es que te quedas platicando con él son escasos minutos, o también existe la posibilidad de que platiques y todo fluye perfecto y hasta quedan en salir en la semana, pero obvio la llamada nunca llega. En ese momento miles de justificaciones te pasan por la cabeza como: “se le descompuso el celular”, “seguro está muy ocupado en el trabajo”, “probablemente salió de viaje”… y un sin fin de pretextos que ilusamente te haces.

Así se repite la historia hasta que flechas a otro…

Ese que no te gusta pero sabe todo de ti y casualmente lo que tú haces por ese que tanto te gusta, pareciera que él lo hace por ti. Te lo encuentras en todas partes, llama y tiene contacto casi diario contigo, te pide request en Facebook, Twitter, Messenger, BB, Whatsapp y todo lo que esté a su alcance para “stalkear”. Algunas veces pues te das una oportunidad ,o más bien le das una oportunidad, y sales a cenar una noche, pero por tu cabeza no deja de pasar el otro individuo que realmente te hace latir el corazón, así que lo “bateas” y él no quita el dedo del renglón.

Lo seguro es que siempre con el que anda atrás de nosotras nos comportamos como deberíamos hacerlo con el que nos encanta.

¿Será que inconscientemente vamos por el tipo de hombre equivocado y por eso creemos que no nos habla el correcto, pero realmente no queremos formalizar con nadie y ponemos pretexto para todos aquellos que sí se interesan en nosotras?

Les dejo un dicho que aplica perfecto y me encanta: “Tal vez para el mundo no seas nadie pero para alguien eres todo el mundo”.

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…y ahora ya tiene novia

Cuando me pongo a pensar en cómo sucedieron las cosas no puedo evitar querer golpear a alguien y por extraño que parezca, ese alguien soy yo… es que de verdad ¿cómo puede ser que nosotras nos arruinemos la vida solitas? Pareciera que nos encanta vivir en la complicación total.

 

Fue hace varios meses que empecé a tener un romancillo con un amigo de mi grupito, todo se dio muy casual (sí sí, con casual me refiero a que había un poco de alcohol de por medio) y lo cierto es que no esperaba nada de él -como suele ocurrir muchas veces- así que dije: ¿Por qué no? soy soltera, el también, ya “nos conocemos” y seguramente más de uno de nuestros amigos serían felices al vernos juntos (claro, siempre hay que ver ante todo el hacer el bien a otros ¿no?).

 

Así es que lo que empezó como “una noche de copas, una noche loca” se convirtió en algo más “serio” por llamarlo de alguna manera, platicábamos diario por el messenger (como si a eso se le pudiera llamar relación) y además cada que nos veíamos parecíamos novios ante todos, claro que a esas alturas todavía ni él ni yo habíamos hablado de ESO.

 

Un día, sin que yo lo esperara (y también sin contar el millón de veces que lo platiqué con mis amigas para preguntarles qué hacer para que él POR FIN me dijera que quería que anduviéramos) me invitó a salir luego de meses y meses en que sólo nos veíamos en fiestas, se me hizo raro, ¡claro! pero me fascinó la idea.

 

Llegó el gran día y luego de cambiarme como 20 veces de ropa, elegí algo súper casual para que él no pensara que yo quería impresionarlo o peor aún ¡que me había esforzado por verme bien para él! (la verdad no sé por qué intentamos esconder algo que simplemente la ropa no va a ocultar, pero cómo nos encanta engañarnos a nosotras mismas ¿no?). Así es que él llegó puntual a la cita, la idea era llegar a la cena… pero la plática empezó a ponerse heavy, así es que decidimos de una vez por todas hablar de NOSOTROS.

 

Cabe aclarar que fue ÉL quien inició la plática, fue ÉL quien me dijo que ya había involucrado sentimientos hacia mí, fue ÉL quien me dijo que quería intentar una relación formal conmigo… claro, había una condición: me pidió tener paciencia pues ÉL aún seguía algo temeroso y dolido por su última relación (aquí es necesario una aclaración importante: su “última relación” había terminado hace más de tres años), así es que necesitaba “tiempo” para ajustarse a nosotros y para estar seguro de querer dar el 100% en la relación que se supone iniciaríamos.

 

Así fue que mientras seguía hablando de sus miedos, mi cerebro iba pensando: “cómo, ya no entendí, ¿quiere andar conmigo o no?” y aquí ocurrió lo que cambió el curso de las cosas: yo le dije que lo quería, que quería andar con él, pero que YO no creía justo dar más de lo que iba a recibir, que si le entrábamos tenía que ser con todo. ¿Acaso no suena lógico? Lo ilógico fue lo que él sugirió: “¿Por qué no empiezas dando digamos el 80%?”, ¡como si el amor se pudiera regular a voluntad! Yo simplemente le dije: NO PUEDO.

 

Ya ni vale la pena contar más detalles de la “despedida”, fue larga y triste para los dos, debo de aceptarlo, pero decidimos que era lo mejor ya que él no quería dar el 100 y yo no quería dar el 80… ¿tontos? ¿inmaduros? Tal vez un poco de todo.

 

La realidad es que el final de la historia no es esa, a los pocos días nos volvimos a ver… y reincidimos (sí sí, otra vez había alcohol de por medio). Yo, muy segura de mí, le dije que había pensado las cosas y que quería realmente intentarlo, que era una tontería hablar de porcentajes y que el extrañarlo me había abierto los ojos para darme cuenta que “el que no arriesga no gana” y que me quería arriesgar por él. ¿Quién no cae rendido luego de ese speech, no?, bueno, pues él no cayó y me dijo que yo le había abierto los ojos también y que me admiraba mucho por mi actitud la última vez, que me quería pero que él seguía sin estar listo para darlo todo… así que no quería lastimarme porque obviamente ¡no lo merecía!…en pocas palabras me dijo: NO, GRACIAS.

 

Jamás me lo esperé, estaba yo segura de él, de NOSOTROS… hoy, a un mes de la última vez que lo vi, leí en Facebook que el fulano ya “tiene una relación”.

 

Al final lo único que puedo preguntarme es: ¿Debí aprovechar la oportunidad en el momento y tomar su 80%? o ¿Él es un $%&”$ y siempre supo que no quería nada conmigo pero le faltaron pantalones para decírmelo?

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  • No importa cuál sea tu status: felizmente soltera, casada, viuda, enamorada, en busca del hombre perfecto… Lo cierto es que a todas –sí, sean sinceras- nos la “han aplicado”, tampoco queramos hacernos las santas y confesemos que también hemos usado esta frase para huir de un amor…