Por Lucía Orozco | Jueves 09 de agosto de 2012
@lucialadeflor (tuiter!!!! siganme los buenos!!!!)

Tal vez la venganza más grande que puedes tener al tener un corazón roto por un free, es darte cuenta que no necesitas vengarte, que viviste algo hermoso aunque no fue suficiente… que estás agradecido o agradecida por lo aprendido, consciente que fue algo que tú buscaste y más consciente que es algo que ya no quieres buscar… si bien dicen, las vacunas no son más que inyectarte una dosis de la enfermedad tan pequeña que tu cuerpo la aniquile y cuando venga una grande haber creado anticuerpos… Amiga mía que me comentaste…. va par ti. #TuSabesQuienEres
Todo el día de hoy estuve inquieta, salí de trabajar y no quería estar sola, me acordé de mi reunión semestral con mi ex novio y le pregunté que si no se le había olvidado. Nos vimos. – No crean todo lo que tuiteo, mis ex novios son lo más hermoso que hay… – Entonces escupí como diarrea verbal las muchas cosas que tenía en la cabeza, como el escrito que había hecho en la mañana y había titulado ¡NO TE RINDAS! ¿No te rindas? ¿A quién estaba tratando de convencer? Me he sentido abatida últimamente y aunque sé que estoy a un paso chiquitito de lograr mi más grande sueño, me caigo como Edgar, porque somos humanos, y si alguien se atreve a burlarse mientras me caigo, como Edgar le digo ¡yaaaaa gueyyyyyy!
Mi libro, -nuestro libro- cambiar de casa, me robaron mi bici y un galán fallido. Una metamorfosis pasaba sobre mí y me hacía sentir como el lagarto de la peli de Spiderman que acabo de ver. ¿Qué me pasa? Como adolescente me crecen los músculos rápido y me da sueño y hasta no te acostumbras a tu nueva altura o a tu cuerpo, así me siento pero espiritualmente. Estoy creciendo, madurando y esas cosas que tal vez debí haber hecho antes, pero en el camino no me acostumbro… me siento como nanny mexicana en Estados Unidos, cansada de pensar en inglés y no encontrar las palabras adecuadas para regañar a los chiquillos chiqueados. Y dan ganas de gritar para que un hombre te rescate aunque sea el chavo del ocho.
Pues bien, saliendo de la peli luego luego me dediqué a leer los comentarios que me habían dejado del escrito de la mañana ya que Iusacell falló –que raro – y en toda la tarde no hubo señal. Leí uno y después otro… voltee con mi ex , a quien había saturado horas antes con cuentas del libro, cosas que me faltaban, asuntos que me desesperaban, impaciencia y demás cosas que pasan cuando no ves logrado lo que está ya casi (me siento cocinera que mete el tenedor a los brownies cada cinco minutos a ver si ya están y dejo la masa toda agujerada). “Ten paciencia” me decía… pero bueno eso fue en la tarde, cuando leía mis comentarios voltee con él y le dije “mira, esta es la mejor recompensa de escribir…” Le pasé mi iphone y leyó:
“Siempre que termino de leerte o verte por twitcam, tengo esa sensación de poder lograr lo que sea, de ser fuerte. Gracias por expresar lo que nosotros no podemos, porque no sabemos cómo. No te rindas, al menos yo, tampoco lo haré…” – Mara.
Puso una sonrisa en medio de la lectura y dijo “¿Ves?” ¡Vas bien! Yo en mi felicidad le dije ¡Y hay más! Entonces abrí el escrito culpable de que esté escribiendo a esta hora:
Lucía soy XXX! Sabes que provoco tu artículo?? Me dio el valor para hablar con mi free y preguntarle extactamente que es lo que el quiere y sabes que me contesto? Que no quiere un compromiso por el momento, tienes una idea de todo lo que sentí?? Decidí quitarme la venda de mis ojos y esas ideas locas de el “vivieron felices x siempre” que nunca tendré con el, el quería seguir en su zona de confort pero yo no! Me harte de siempre terminar en la misma situación y ya lo comprobé el free solo terminara llevando al sufrimiento a uno de los dos, y en este caso yo perdí, ahora solo te pido que me ayudes a salir de esto, escribe algo donde me puedas decir que hacer, por favor! ‘(
Obviamente comencé a leerlo en voz baja y terminé pensando que jamás me imaginaba que algo así podría pasar. Por ahí dicen que no es que alguien te diga las cosas, sino que es algo que ya querías hacer y un escrito te dio el toque de salida, pero amiga mía, debo decirte que saqué un cigarro saliendo del cine y preferí no fumármelo y lo traía en la mano hasta llegar a mi casa.
- ¿Por qué no me lo fumé? – Eso implicaba esperarnos en Punto Sao Paulo cinco minutos y de verdad deseaba estar en la lap top pensando qué decirte y no lo sé, pero estoy aquí.
Bueno ¿Sabes algo? Si lo sé. Quiero felicitarte por tener el coraje de preguntarle a tu presente hacia dónde va, porque en tu futuro ves una pareja estable y quieres sacarte de dudas. Hablaste por tu bienestar, se expresó la voz de tu paz interior que te aseguro te tenía intranquila porque créeme que no creo que te sorprendieran sus palabras, creo que es algo que ya sabías.
Así que más bien puedo decirte que todo lo que pasó hoy por hablar con él, ya lo sabías, y tú misma buscaste el rompimiento. Claro que siempre existe el gramo de esperanza de que te dijera que sí quiere formalizar contigo, es bueno siempre tener esperanza, pero algo me dice que más bien terminaste con él haciéndole la última pregunta como para jugarte tu última carta, pero en realidad ya estabas vacía porque él no te daba nada… o al menos aparentemente.
Te armaste de valor y dijiste “quiero algo más que esto”. Eso habla de autoestima, de ganas de tener días más felices, de valentía de saber que te quedarás de regreso con las manos vacías y sin esa costumbre que seguro ya habían creado… sus hobbies, sus chistes locales y las bromas que seguro extrañas pero ¿Sabes algo preciosa? Cambiaste tu vida y fue para bien.
A partir de ahora viene la etapa donde tienes que ser mas fuerte, porque claro que vas a extrañar… – yo extraño mi vieja cama de colchón barato donde lloré muchas veces porque me da nostalgia y ahora que tengo por fin un colchón de pseudolujo y estoy feliz en mi nuevo cuarto, a veces extraño ese desorden infantil del otro cuarto que me vio crecer… la nostalgia es irremediable cuando viene un cambio, pero si volteamos hacia atrás nos convertimos en estatuas de sal que sólo miran el pasado. Está bien recordarlo y crear un mood de sentimiento de pérdida, pero ese “funeral” que ahora creas en tu mente no dejes que dure más de tres días.
Hay algo que probablemente perdiste durante el tiempo de tu relación y fue a ti misma en cierta medida. La incertidumbre de no saber a dónde vas, la actuación de fingir que no necesitas saberlo ha de haber sido agotadora. Ahora estás libre. ¿Qué provoca la libertad? Aunque parezca contradictorio provoca miedo. Pero es un miedo sano, un miedo que proviene de quien decide salirse de su zona de confort para buscar la magia de la vida.
Así que me pongo de pie y te aplaudo. – Es la segunda vez que lo hago en el día, en la mañana me mandó un mail una escritora que también me hizo reflexionar que existen personas tan valientes que dan ganas de tomar un poco de lo que ellas muestran y agarrar valor a través de su ejemplo. – Eso provocaste en mí.
No eres la única que pasa por eso, hay miles de personas que hasta creo que tienen miedo de analizar si están en una zona de confort. Por ejemplo, hace rato que llegué a mi depa vi mi viejo Blackberry. (jajaj viejo porque hace cinco días tengo iphone y ya me creo mucho). Me acordé de cuando me lo dieron y la felicidad que me provocó. Las primeras veces que sonaba sabía que la canción estaba terrible y prometí cambiarla en cuanto pudiera. Era la de “pa panamericano” Eww hasta penita me da confesarlo pero voy a llegar a un punto: En dos años que tuve mi Blackberry nunca cambié el tono del timbre. ¿Por qué? Buena pregunta, ni yo sé. Y así le está pasando a muchas personas que están en una relación que ya ni cuestionan.
Me da gusto que hayas optado por el amor. El amor propio que te exige buscar más allá que la mediocridad. No dudo aquella persona te haya aportado cosas buenas, cosas invaluables, pero si no te es suficiente, toma tu lonchera y salte del salón.
¿Consejos para ahora? Estate tranquilita, respira, date tu tiempo, lee mi artículo de cómo desenamorarte en 5 pasos (búscalo así en Google) , trata de encontrarte a ti misma, de preguntarte qué fue lo que ocasionó que te conformaras con algo que sabes que no era suficiente y trata de no repetir el patrón. Quédate tranquilita, date un suspiro, como esos que te aventabas después de llorar. El tiempo cura cuando quieres ser curada y como dicen por ahí, el que mucho se ausenta pronto deja de hacer falta.
Espero haber respondido a tu pregunta. Espero haber lanzado otro mensaje en una botella al mar y no sólo tú lo hayas cachado… porque si me preguntan, así me siento, una náufraga en este mundo que lanza mensajes en una botella porque de algún modo tiene esperanza de que sean recibidos.
Gracias por leer… esto fue, LA VENGANZA DE LOS FREES.
PD Que ironía que al terminar con un free eso es lo que obtienes… libertad.
Por Lucía Orozco | Viernes 27 de abril de 2012
Ayer estaba hablando de qué cosas anclaban mi vida, si era malo estar a la deriva o si esperaba algo más y por eso seguía navegando… de las tres cosas no sé ninguna, pero tal vez no es bueno aferrarse a nada. o tal vez no aferrarse sea miedo a perderlo, puede que la falta de compromiso con los proyectos de la vida sea por falta de interés en los mismos, o tal vez sea sólo eso, falta de compromiso, que te lleva a una vida más taciturna y sin subidas y bajadas… los dejo con este escrito salido del horno por la mañana, y disculpen mi falta de tinta, he andado dispersa… y rodeada de agua, muchos mares y muchas dudas…
Gracias por seguir leyendo a @LucIaladeFlor.
Viajamos en barcos, todos, paseando por un mar que quién sabe a donde nos lleve, pero eso sí, trae corriente… y si te dejas llevar tendrás un camino diferente al que pudiste haber tenido si lucharas contra viento y marea. Personas se las lleva la corriente, corrientes otras se aferran al timón, temerosas de que alguien domine su vida, incluso la vida misma.
Nómadas marítimos de tres mil mares y conquistas de islas descubiertas desde la infancia… secretos personales, robos de piratas, tormentas en las que creímos no sobreviviríamos, y muchas otras noches en las que no se movía ni el agua.
¿Algún día anclaremos? Ser jóvenes nos invita a ser como Cristobal Colón y descubrir lo que más podamos antes de que se arruine nuestro barco. Pero, ¿hay algo de malo en anclar?
No se si seguir avanzando o disfrutar del paisaje que tengo ahora. Llorar por el que se me fue o esperar a que llegue el que imagino. Estúpido sería lo primero si lo que quiero esta frente a mí. Desperdicio de lágrimas por lo que ya perdí y esperar no es de marineros.
Por Lucía Orozco | Jueves 19 de abril de 2012

Ayer hablé con una amiga de la vida… ella me cuenta que a pesar de sus esfuerzos extrahumanos a veces no ve resultados, que es desesperante cuando pasa y nos invita a permanecer en un círculo vicioso donde hago las cosas sin saber por qué puesto que no me veo avanzando. Como hamster corriendo en el círculo…
Mientras esa hermosa mujer hablaba pensé en Farmville. Me acuerdo (cuando tenía esa aplicación que consumió horas de mi ser) que una fruta chafa en dos horas estaba lista pero valía menos y si quería cosechar algo más “acá” tardaba hasta semanas. Eso, traducido en la vida me hizo pensar que mi amiga con la que hablé anoche, como se encuentra cosechando cosas valiosas, no ve que salga ninguna fruta de su plantita que riega y riega y es cuando nos sentimos vulnerables y pensamos que no somos fuertes, cuando en realidad lo somos.
En el intento de ver un resultado algunos abandonan sus sueños ¿Quién de ustedes sigue sus propósitos de año nuevo? yo ya ni me acuerdo de los míos, lo que sé es que este es mi año, el año de cambios, de quitarme telarañas, de tomar impulso y no detenerme y mi fortaleza la encuentro en la niña exterior que ha sido la que me ha ayudado a tomar las decisiones más sabias: Anímate, si te equivocas no pasa nada, hazlo, despiértate, sonríe, burlate de tus desgracias, anímate otra vez, perdona… así son los niños. ¡Qué simple! Que hermosamente simple.
Y claro que vivir como un niño cuesta y cuesta mucho, porque ideas increíbles y modos de hacer las cosas todo mundo podemos decir. Un consejo cualquiera, pero aplicar las cosas y convertir estas letras en acciones es lo que me ha causado las cicatrices más profundas pero también las enseñanzas más tiernas y el crecimiento más sutil que me hace no darme cuenta que estoy avanzando pero un buen día sonrío de ver que en realidad nunca nos hemos detenido.
Por eso, previo al día del niño, que es un día que ¡AMO! Les dejo este texto que creo que habla un poco de esto… ojalá les guste, los quiero a todos, sus comentarios no saben cómo me hacen mi día, a veces que me mandan uno por la noche y yo no he dormido o en la mañanita amanezco y alguien ya me leyó me hace sentir feliz. Siempre que estoy en la noche con amigas o algo así y me llega un comentario sonrío y mis amigas piensan que es “el niño que me gusta” pero no, es un mail de WordPress que me avisa que alguien me leyó y comentó. ¡Me encanta!
Les mando un beso muy grande y los dejo ahora sí con este escrito, perdonen mi pausa de algunos días pero como les digo, este es mi año de cambios y entre tanto andar pensando me costó trabajo llegar a asimilar esto que ahora les escribo…
¿ADULTO O NIÑA EXTERIOR?

(Arriba de la flor, esa chimuela, soy yo)
No sé en qué momento dejé de peinarme dos colitas con limón, graduarme, manejar en carretera, tomar mis propias decisiones y ser lo que algunos llaman ridículamente “un adulto”. Según yo la infancia no se acaba nunca. Y es que yo siempre peleo que lo que tengo es un “adulto exterior” lo de niña interior es obvio, pero la máscara de “ñiña drande” sale porque tenemos que enfrentarnos con la vida. Que raro “enfrentarnos” se escucha como si fuera una guerra. ¿Lo es?
Me acuerdo de tiempos atrás y me da risa como cuando de niños todo queríamos hacer solos. “Yo puedo” decíamos y la cuchara nos manchaba todos los cachetes mientras la comida se caía de la boca. Ahora daría lo que fuera por poder pasar el control de mi vida como lo hacía con mi hermano cuando me pasaba de nivel en el Nintendo. ¿David me pasas este “mostro”? Ya llegué a Koopa.
Paciente y seguro te pasaba de nivel y aunque sabías que el mérito no era tuyo lo celebrabas y llegabas al mundo en el que podías subirte a caballos, o mejor aún, cuando tu hermano se sabía un “truquito” y te daba muchas vidas. Que delicia.
Tomar el control de nuestra vida es como las rosas, muy bonitas pero llenas de espinas. Así que tal vez la vida no sea una guerra en sí, pero sí se conquista.
Los dejo con esta canción: [youtube]http://www.youtube.com/watch?v=KpjE0NLODeM[/youtube]
Por Lucía Orozco | Miércoles 28 de marzo de 2012
El tuit fue

Y el resultado ¡PADRÍSIMO!
Gracias a todos por poner su frase, los dejo con las mejores de las mejores de las mejores del mundo jaja. ¡Me encantaron! Y esto del twitter es también para que se sigan unos a otros jaja. ¡Saludos!
La primera frase que llegó fue la de Alejandra Aceves. ¡Gracias!

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Las que más frases subieron: Diana, Ady y Gaby ¡Gracias!

#LagrimitaDeEmocion Alguien usó una frase que escribí en un texto hace mucho y es nada más y nada menos que mi amiga @CarlyTheBeat ¡Gracias ojitos de cloro! #SentiBienBonito

y además este…

A las que no les fue suficiente 140 caracteres ¡Me encantaron!
 




Otra ronda de las que más participaron.
 
Cristi en nombre de Staff @Quien

¡Yo también puse la mía!
¡Un clásico que todos aman!
 
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¡Tuits dobles! ¡Que inspirados!






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¡Amé estos!
   
 
Por Lucía Orozco | Lunes 27 de febrero de 2012
Jugar a ser… y después ser y no poder jugar. Cuando se es chico todo es una broma… cuando se es grande una broma lo es todo. Lanzamos los dados preguntándonos cuantos números podremos avanzar, vivimos manejando lo que tenemos: un coche, nuestros impulsos… placeres.
Y subimos las escaleras cansados de un día de trabajo y en nuestra casita de muñecas entramos en la cama y buscamos un momento de paz, de cerrar los ojos y lograr no pensar en nada.
Risas infantiles se escuchan en toda la casita, entonces despierto y me siento tan pequeñita. Prendo mi lámpara miniatura y hago oficial lo que quisiera ignorar: No puedo dormir. Como una barbie que tiene los ojos pintados y no puede cerrarlos. Del mismo modo no puedo ignorar el hecho de que ya no soy una muñeca… ahora juego en una casa de a de a “deveras” y me muevo por lugares que antes eran imaginarios…
Mi trabajo es de verdad, mi ropa a la medida de mi cuerpo, mi cuerpo a la medida de una casa también de verdad. Ya no hay fantasías, ya no existe “disque ya era de mañana” Los días duran lo que tienen que durar y las noches lo que dura el sol en regresar a la cara.
Ya no tengo nadie que me vista, que doble mi ropita, que me camine a donde quiera. Un gigante que peine mis pelos de elote, que piense que soy la más bonita del universo y que quiera abrazarme en las noches.
Por otro lado… cual pinocho me volví realidad y como cenicienta ya puedo ir al baile. ¡Son reales! Las fiestas que organizaba en mi casita se convierten en desvelos y tequilas que no eran precisamente lo que había imaginado… ¡Mucho mejor! Jaja. Aunque el Ken no siempre quiera conmigo y las otras barbies sean mas cool que yo, descubro que la realidad por más nefasta que sea, es más increíble que cualquier aventura en una casa de muñecas donde todo resulta como quieres, donde no hay retos porque todo está a tu alcance…
Por Lucía Orozco | Lunes 27 de febrero de 2012

Siempre he pensado lo hermoso que es el suspirito cuando acabas de llorar. Sube, sube…. baaaaja. mueves la cabeza a un lado y al otro respirando por la boca inconscientemente, como con el hipo. Los labios están rojos, tienes saliva de más, sientes los ojos hinchados y el camino de gotas que se secó mientras que los mocos hacen fiesta en tu nariz.
Pero el suspirito… ese se las lleva todas, está lo máximo, es un acto pequeñito e involuntario que anuncia el término del deshaogo y la continuación a las actividades normales.
¡Qué bonito el acto de llorar! Liberación, arte, expresión máxima de un sentimiento, pérdida de razón para dejar que reine el corazón que palpita lo suficientemente rápido y se toma de la mano de tus pulmones para que expulses todo ese dolor, rabia, decepción, tristeza y muchos otros sentimientos que a veces como no los entendemos los externamos a modo de agua que corre por los ojos.
Llorar, lo primero que hicimos al nacer, un acto que se puede hacer de felicidad o de tristeza, una acción pura, inevitable, respetable y sin ganas de ser juzgada. Llorar es mostrarnos vulnerables, aceptar que sentimos y no olvidar que antes de ser licenciados, abogados, padres, madres, hijos, niños, grandes… somos seres… seres humanos.


Por Lucía Orozco | Jueves 23 de febrero de 2012

Se me fue Julio… un día sin despedir… sin brazo para decir adiós y sus ganas de no verme ahí, en el mismo lugar de siempre, fue un impulso que de pronto le pescó el corazón.
“Está enfermo” Pensaba, por eso no viene a verme. Pero todavía me quiere… no me dejaría así nada más después de todo este tiempo. Después de tantas pláticas de minuto y medio en los que intercambiábamos la mayor información posible antes de ver la luz verde que me forzaba a decir adiós…
Así era él… y tal vez hoy sin admitirlo lo extrañé. Tenía que decirle que había amanecido feliz y que iba tarde al trabajo. Pero no estaba para contestarme que llegar tarde no importaba y que la vida era más fácil que estar preocupada. Además de aquellos chicles que siempre me regalaba.
Entonces acepté el hecho, Julio no regresaría, no sabría hasta dónde le crecerían sus chinos de la nuca que todos los días me enseñaba y no estaría ahí todas las mañanas para darme un lento hola y un rápido adiós.
Nos conocimos el día que decidí ignorarlo…
- ¿Chicles?
- Ahorita no traigo gracias. – Frase aprendida desde la infancia.
- No importa güera. ¡Llévate unos!
Sonreí, y los tomé gratis aún sabiendo que con mi cartera podía comprar todos los que tenía, pero entendí que él quería dar… que todos los días estaba ahí parado para recibir y ese día quiso dar y se lo permití. Tomé los chicles y me despedí.
Al poco tiempo me nació comprarle unos, aunque no los necesitara… y al pagarle fue cuando nos hicimos amigos.
- Toma – Le tendí una moneda de $5
El se rió y me acercó la cajita de chicles para que la depositara ahí. Entonces hice conciente algo que ya había visto: No tenía brazo. Nos reímos. Le puse el dinero en la cajita y sentí a lo que sabía la gloria.
Así pasaban los días. Amaba saludarlo, buscaba que me tocara el alto y que me dijera cosas que ya sabíamos: El clima, las chivas… que iba tarde al trabajo… y él sus chinos que seguía dejándose crecer…
Y cuando más te encariñas o piensas que estará a diario es cuando a veces las cosas terminan. Era tan puntual y constante nuestra amistad que yo creí que iba a tenerlo para siempre.
Pero todo llega a su final y cuando menos lo pensé ya no estaba y ahora estoy acostumbrada a ello, pero ahora que se casa una de mis mejores amigas y una alegría me brinca adentro desde que me levanté quería decírselo… quería tanto decírselo…
Pero la vida no es cruel (no se quién inventó ese dicho… tal vez era sarcasmo). El problema es que ante las pérdidas dejamos de ver lo que tenemos enfrente y les explico porqué.
Desde hace mucho que se me va el tren… literalmente… la mujer que reparte “El Tren” en las mañanas ni siquiera le abría la ventana de mi coche porque me chocaba tener tiliches en mi asiento. Pero la pérdida de Julio me hizo saludarla de cuando en cuando… así que después de unos siete u ocho saludos le abría la ventana para recibir el tren…
Comencé a notar que ella siempre estaba de buenas; se veía una persona inteligente, educada, no sé, me daba buena vibra entonces decidí bajar mi vidrio siempre que estuviera en ese alto y nos sonreíamos con naturalidad y volvía a saborear la gloria, sentirte vivo y miembro de una comunidad.
Pero no fue hasta hoy que aprendí la lección, aquella que la niña de la película de mi primer beso vivió… ¿No han visto la movie? Una niña de 12 años que tenía miedo a la muerte, su papá trabajaba haciendo velorios y su mamá había muerto… entonces se hizo muy amiga del niño de “mi pobre angelito” (que usaba unos lentes de Harry Potter) y un buen día él murió.
Entonces ella volvió a meterse en su concha como los caracoles cuando les picas los ojos y comprendió que el mundo “era cruel” (tal vez ella inventó la frase) y entendió que no puedes involucrarte sentimentalmente con nada ni nadie si no quieres sufrir.
Pero fue al final cuando su vecinita de overol la buscó para salir en bici (como lo hacía con el niño) y fue al final de la película cuando ella decidió decir que sí y probar la gloria: Saberse viva.
Porque estar viva significa decirle que sí al cambio… porque Dios quiso que todo fuera nuevo todos los días… hasta las células de nuestra piel.
Y así vemos el final de la película con la canción de “I got sunshine on a cloudy day…” y ella y su nueva mejor amiga andando en bicicleta…
Eso me pasó justo hoy… que extrañando a Julio le dije que sí a la vida, bajé mi vidrio y saludé a mi amiga de uniforme fosforescente y pelo negro. Y no me bastó con decir que sí, quise marcar una diferencia… entonces al poner el tren en el asiento del copiloto que generalmente va solo (#ForeverAlone) le pregunté su nombre…
- ¿Cómo te llamas?
- Gloria – me dijo sonriendo.
- Yo soy Lucía.
- ¡Adios Lucía!
Así de simple… si quieres que tu vida sepa a gloria sólo necesitas no cerrarte a ella. Las pérdidas significan que cosas nuevas vienen en el camino… tal vez no son pérdidas son trueques… pero como sólo nos quedamos viendo lo que perdimos no sabemos encontrar lo que llega.
Hoy mi amiga es fosforescente… lo suficiente para iluminarme el día… sonriente para recargarme de energías y lo mejor aún… ella no permitiría que se me fuera el tren…
Por Lucía Orozco | Martes 21 de febrero de 2012
Saliendo del gimnasio me saboreaba unos huevos rancheros así que me paré con Chantal en un café que se llamaba “Reencuentro”. Haciendo honor a su nombre me encontré con una mesa de hermosas mujeres. Me levanté y las saludé. “¿Se acuerdan de mí?” Les dije “Eres la guerita de diez hermanos” Me dijeron. Todas y cada una de las presentes habían sido mis maestras…
“Sólo quería decir que muchas veces no saben lo que hacen por un alumno que parece que ni pone atención a la escuela, hoy pienso que debí haber escuchado más y hablado menos, sólo quería darles las gracias…”
Reímos, yo en específico me acordé de aquella vez sentada en las computadoras. Tenía clase de mecanografía y no me acuerdo de la cara del profesor o profesora pero nunca olvidé una frase: “Si aprenden mal, aprenderán más rápido pero si lo hacen bien y con los dedos indicados, aprenderán para toda la vida…”
Su frase me entró tanto al corazón que aprendí bien y a la fecha tecleo como debe de ser, cosa que en ese momento no sabía que me serviría tanto.
Y es que hay algo más difícil que aprender y esto lo aprendí en la universidad de boca de un profesor: “Aprender a desaprender es lo más difícil que hay”.
Subestimamos la escuela. Olvidamos rápidamente la infancia y nos convertimos en unos patéticos adultos de poca sonrisa. Yo que había prometido no crecer, lo juré cuando compré esas plantillas en la papelería sobre el cuerpo de la mujer cuando crecía en la adolescencia. Yo no voy a crecer, me prometí. Gastaré todas mis fuerzas para no crecer. A diferencia de mis amigas que se emocionaban por tener busto y cólicos. Yo me rehusaba. Quería estar con las maestras siempre, jugar en el recreo y aprender. Que crezcan ellos así me quede sola.
Comencé a tener pesadillas. Soñaba que crecía y me volvía igual de aburrida que todas las señoras. Nunca entendí cómo pueden reunirse en un café y nadie llevar un juego de mesa. Me pareceía una tribu patética de personas sin creatividad. Mi mamá era una de ellas pero a ella la amaba y lo que hiciera estaba bien, en el fondo yo sabía que era una niña como yo y que tampoco comprendía a las señoras pero jugaba a ser una de ellas durante el día.
- Mamá, sé que debo de aceptar mi destino. – Un día le dije por la noche.
- ¿Cuál destino gorda? – Me preguntó con poca seriedad, tendría unos ocho años.
- Sé que me convertiré en una de ustedes, no conozco un adulto que siga jugando a las barbies y muñecas y tarde o temprano voy a ser tan aburrida como todos ustedes… – Mi mamá no paró de reír, creo que no entendía lo que quería decirle.
No sé que día mi niña aceptó el hecho de que tenía que dejar de llevarse juegos de mesa a los cafés. Regalar sus muñecas y dejar de creer.
Crecer, esa cosa que hacemos todos los días y en la suma del tiempo no nos damos cuenta. ¿En qué momento me rendí? Hoy me veo en el espejo y me río de verme “grande”. No saben las carcajadas que puedo echar cuando antes de meterme a bañar tengo un ratito para verme al espejo. ¡Soy yo! Pienso y una cascada de recuerdos buenos y no tan padres se me resbalan por los ojos. “Aquí estás Lucía” Me digo y sonrío mientras checo si el agua ya está caliente.
¿En qué momento llegamos hasta aquí? Todavía me acuerdo cuando mi mamá me decía “Desde aquí te veo mijita” cuando atravesaba la calle para ir a la tiendita y ella se quedaba en el coche. ¿Cuándo dejé de necesitar que ella me viera para dar un movimiento?
Mamá ¿En qué me convertí? Hace poco me graduaba y ahora no sé para dónde voy. No me quejo de la vida, me gusta, es sólo que a veces sigo sintiendo que soy esa niña de primaria asustada en una esquina cuando entregué a mis papás las calificaciones. ¿En qué momento tomé el timón?
No sé y tampoco sé si lo hice con gusto, creo acordarme que sí pero no sabía lo que significaba. Cruzar la calle sola, cambiar el cuerpo y meterme en una obra de teatro que a veces me da risa. Protocolos, compromisos, dinero a las tarjetas para no pagar intereses y miedos más grandes que el de un “mostro” abajo de la cama.
Suspiro, que rápido pasa el tiempo… pienso. Personas que ya no volveremos a ver y caminos que tampoco volvemos a recorrer. La vida es una y mientras más amemos lo que somos sin importar si ayer fuimos mejores es que podremos seguir sin detenernos. Queramos o no, crecemos. ¿Qué encontramos en el camino? Trabas, miedos, pero si queremos: plenitud.
“Aquí estamos” , con lo que aprendimos, con lo que desaprendimos, con lo que tenemos que desaprender y lo que nos falta por saber. Somos lo que sí alcanzamos a escuchar en clase y lo que decidimos no escuchar. Somos la certeza de vernos al espejo y reconocernos porque podemos. Somos memoria, somos tiempo, somos arrugas en la boca de tanto reír. Somos aquellos niños que arropaban antes de dormir. Somos clases de mecanografía y tiempo muerto en dirección. Somos los que nos reímos en la biblioteca y los que tenían miedo en la clase de natación. Somos la película prohibida que vimos y el cigarro que probamos. Somos tiempo, somos aquellas personas que salimos del gimansio por unos huevos rancheros.
Pero si algo me da seguridad es que soy también lo que fui. Cada célula de mi cuerpo aunque sea una nueva lleva guardado mi cuerpecito de infancia y mi manera tan simple de ver el mundo. A veces crecer es dejar que esa niña viva en nosotros, traerla a nuestro mundo, sentarla en nuestras piernas en la oficina y decirle que tiene que estar quietecita hasta que de la hora de comer, pero reír juntas en las juntas.
Tal vez eso es lo que me hace falta, un “Reencuentro” con mi sabia niña interior que a veces está dormida porque se cansa de tanto gritarme que quiere existir. Tal vez, si pongo atención, todavía tenga guardada aquella información que escuchó en clases y pueda ayudarme a entender esta obra de teatro que significa ser adulto. Tal vez me diga que no sabe nada pero que quiere jugar y entonces la deje, y entonces responsablemente decida ser niña para toda la vida.
[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=SuB1izS8zyU&feature=related[/youtube]
Por Lucía Orozco | Viernes 20 de enero de 2012

El otro día salí con hambre del trabajo, me paré en los lonches Karlos y pedí uno tradicional con doble salsa, una pluma y un papel. Estaba anotando fórmulas porque según yo algún día podré demostrar los sentimientos con fórmulas… así como la del triángulo: base por altura sobre dos.
Tomé mis variables, y traté de definir por primera instancia la fortaleza…
F(fortaleza) = X(algo) – M(miedo) o sea F= X – M
Traté de pensar que X sería tal vez vulnerabilidad. Es decir, Fortaleza es igual a sentirte vulnerable y no tener miedo. Después traté de definir el miedo… y comencé a sumergirme en mis pensamientos carentes de sentido asegurándome que tenía que haber alguna fórmula para los sentimientos. Incluso para el amor.
A = Ae + I - E
_____________
2
Es decir, Amor, es igual a autoestima más interés por alguien menos egoísmo entre dos. Sabía que mis fórmulas estaban muy poco fundamentadas pero por algo tenía que empezar.
Entonces algo mi hizo gritar como loca… la mujer morena de cachucha estaba a dos centímetros de mí con la cuenta en mano y recordé que estaba en los lonches Karlos, que había salido de trabajar y vivía en el planeta Tierra. “¡AAAAAAAAAAAAA!” Grité del susto y la asusté a ella también así que las dos gritamos.
- ¡Perdóname! Estaba concentrada en otras cosas y no te vi.
Nos reímos y hasta los meseros que estaban en la calle atendiendo a los coches estaban comentando el punto así que pagué y crucé la calle cuando empezó una lluvia de locos. Yo amé mojarme. Me dirigía al Oxxo cuando a las afueras vi a una niñita sentada con melena al estilo niñas de los años cuarenta.
- ¿Me regalas algo?
- ¿Qué quieres pues? – Le dije.
- ¿Lo que quiera?
- Una cosa…
Pensé enseguida por su ambiciosa pregunta que tomaría el dulce más caro o algo por el estilo, tratando de sacar la mayor ventaja posible a la situación. Mi sorpresa llegó en la caja cuando trajo una leche nido.
- Es para mi hermanito, está chiquito.
Sonreí y le dije, que claro que le comprábamos la leche a su hermano pero que escogiera algo para ella.
- ¿Para mí?
- Sí
- ¿Lo que quiera?
- Una sola cosa… – volvimos a repetir el juego de palabras.
- ¿Lo que sea?
- Si, pero córrele porque ya tengo que pagar.
Entonces trajo otra leche nido.
- Es para mi hermanito.
- ¿Y para ti?
- Tú dijiste que lo que yo quisiera.
Se me rompió el corazón y entonces entendí que tal vez ella no sabe ni de números ni de fórmulas, pero concretó tantas cosas que tantas veces quisiera poder hacer y sin embargo pierdo mi tiempo en intentar definirlas. Tal vez los sentimientos son más que fórmulas… tal vez los sentimientos ¡son acciones!
Y tomando el ejemplo de una hermosa niña… ¿Qué vamos a hacer hoy? Tal vez nos resulte al final más dulce que el dulce que pudimos haber tomado, hacer lo mismo que ella. Muchas veces queremos que todos vean por nosotros y ser el niño que le traen la leche, pasa mucho en las relaciones de pareja, pensamos qué nos puede ofrecer, qué nos puede traer y nos olvidamos de amar, de ser acción, de dar el primer paso a traer un detalle… pero hoy podemos hacer la diferencia yo si creo en el cambio, te apuesto a lo que quieras que si una semana actúas como la niña de la leche sabrás de lo que hablo.
Gracias por leer… (si quieren empezar ayudándome a mí, pueden dejarme un comentario…jijiji)
foto tomada de: http://weheartit.com/entry/21446938
Por Lucía Orozco | Miércoles 18 de enero de 2012

Imagino el cuarto del hospital, vintage, verde pistache, mi mamá sudando con las piernecillas abiertas empujando y yo tratando de salir. Mi papá feliz, claro… ya estaba naciendo la más bonita de diez hermanos.
Las trencitas de la escuela, el mal olor de la lonchera, mis amigos que no lo eran, la maestra, las sumas, las restas. Un mundo de fantasía, mi disfraz de caperucita y las veces que me perdía en el jardín. La muñeca de estambre rosa que quería revivir con un ritual, las horas que pasaba en el espejo untándome cremas de mi mamá. El arroz de enfermo y las veces que descubría el amor tan grande que había en una madre a pesar de todos los berrinches y teatros que podías armarle. Todavía me acuerdo cuando hacía uno, gritaba con todas mis fuerzas, mi papá me regañaba, me quedaba sin comer, no me importaba y fúrica y sin aliento me encerraba en el estudio mientras mi corazón latía por tanta injusticia, tantas cosas que no entendía estando pequeña, probablemente pesando el número de kilos que ahora quiero bajar. Emberrinchada poco a poco y sin pensarlo quedaba dormida. Pero aquí viene lo más hermoso, el despertar…
Después del cansancio que provocaba mi obra de teatro, los suspiros después de llorar y el hambre, me invitaban a abrir los ojos, a hacer consiente que estaba en el estudio, que mi mamá estaba afuera, que había tratado de abrir mi puerta pero estaba cerrada. Quito el seguro. Abro poco a poco, primero asomo el ojito, luego la cara entera. La escucho en la cocina, la mujer más bondadosa de la tierra, pero le tengo miedo, miedo a que no la merezca, a que mi berrinche haya sido tan grande que me quede sin herencia, sin abrazos, sin que vuelva a peinarme con limón.
Camino lento, tengo miedo, miedo de no saber si mi perdón será suficiente. Me asomo a la cocina, está de espaldas, no puede verme. Un tosidito basta. Voltea, me sonríe, me abraza más fuerte como si acabara de decirle que la quiero, me descubre la cara, limpia mis lágrimas y me besa los ojos. “Debe estar loca” pienso. ¿Cómo va a quererme después de todo lo que le grité?
- Debes estar hambrienta mi gorda. Ahorita te caliento unas albondiguitas, anda siéntate.
¿Qué más podía pedir? La compasión y misericordia de una mamá nublaban toda maldad que pudiera entrar en mí. ¿Cómo ser cruel con mi prójimo cuando una persona tan buena no dejará de quererme así?
Con esos momentos crecí, crecieron mis travesuras y mis sueños también. Aumentaron mis ganas de seguir en este mundo de días nuevos, de viajes a Chihuahua, donde los veranos eran más mágicos que Merlín. Pero también creció el cáncer que a aquella hermosa mujer dejó sin vida. Y de eso sigo tratando de olvidarme. Se nubla el panorama, llueve en mi jardín, ya no hay arroz de enfermo, ni trenzas, ni nada.
La vida apesta. Pienso. Pero después me doy cuenta que apestó hasta que decidí que ya no apestara. Y así, igualito como los días que me levantaba de mi berrinche en el sillón café del estudio, decidí abrir los ojos, ver lo que sí tenía, lo que no había perdido, lo que había ganado por lo que había perdido, lo que siempre estaría ahí. Y salí del estudio y me dirigí a la cocina, y ahí estaba todo lo que necesitaba: El sartén, la carne para hacer las bolitas de las albóndigas, la sal, la salsa, el tiempo y mis manos…
Cociné, cociné las peores albóndigas que pudieras haber probado. Me las comí y me di cuenta que podía sobrevivir y al menos no pasar hambre, pero cuando fuera más grande y tuviera más práctica, seguro las cocinaría como sólo ella sabía hacerlo. Agarré mi mochila y entré a secundaria, donde ya te tienes que depilar, son trece maestros y te crecen cosas que desconocías.
La graduación, el novio, universidad y el primer beso bien dado. Espero mi papá no esté leyendo esto. La felicidad entró a mi puerta como canción cursi de Julio Iglesias. “¡Ya la hice!” pensé. Y desde entonces a pesar de que los sinsabores y altibajos me hagan pensar que a veces la vida “apesta”, nunca he dejado de despertarme, abrir la puerta, un ojo, después la cara, y sin importar si hay alguien en la cocina para abrazarme, siempre está el sartén, el tiempo y mis manos. Esperando un día no ser tan mala cocinera y poder hacer las albóndigas que tanto me gustan.
Me gradué otra vez, corté con el novio y empecé mi encuentro conmigo, lectura de libros y sueños personales. Pero entre los días y las semanas no pasa un miércoles que no reafirme que la vida te sorprende cuando menos lo piensas, para bien y para mal. Pero así pasa. Y como eso todo pasa. Y si no puedes con el paquete, gritas, lloras hasta que se empape tu uniforme, se deshagan las trencitas con limón y el agua se mezcle con la mugre, mocos y baba. Te encierras, odias a tus papás, a Dios, a quien se ponga en ese segundo en tu camino. Sola te duermes. Mientras se ordenan las ideas en una lucha interna donde a pesar de estar descansando trabajas el espíritu. Y así sin pensarlo te levantas.
Te das cuenta que es miércoles. “Hay comida con la abuela” piensas. Manejas pasándote todos los altos que puedas para saludar a toda la familia. Timbras.
- ¿Quién? – inventas cualquier cosa.
- ¡El pan!
- ¡Lucía pásate!- “prrrrrrrr” Se abre la puerta.
- ¡Hola gente! ¿Qué hay hoy de comer?
Saludas en friega para poder agarrar el plato y dirigirte a la cocina. Albóndigas. Te ríes dentro de ti recordando lo que significan. Las pruebas. Un milagro pasa por tus papilas gustativas. ¡Son esas! ¡Pero si son las de mi mamá! No dices nada. Sigues comiendo, un plato y otro plato. Tienes miedo del idéntico sabor y piensas que te estás volviendo loca. Terminas de comer.
Llevo mi plato a la cocina. Agradezco a las cocineras. Y sin pensarlo les digo:
- ¿Sabes algo? Me supieron igualitas a las de mi mamá. – La cocinera ríe sin parar.
- ¿De verdad?
- ¡Sí! No te miento, saben igualitas. Siento que mi mamá las cocinó.
- Jaja no te equivocas, hace muchos años trabajaba en tu casa. Yo las hacía.
- ¿Qué? – No pude creerlo. Necesitaba tiempo para procesar la información.
Lo que pensé que nunca podría pasar había pasado. Ahí estaba. La cocina, la olla, la sonrisa… me sentí pequeña. No tuve el valor para abrazarla y viéndola a los ojos me prometí que un día haría este escrito. De todo lo que sentí cuando supe que algo de mi mamá estaba vivo, aunque fuera fraude. En eso cerré los ojos acordándome de ella y le dije “Canija, tú no las hiciste”. Le pedí la bendi a mi abue Chero, y tomé las llaves y regresé al trabajo, a la vida, con miles de albóndigas en mi panza, y sabiendo que un miércoles próximo, cuando se repitiera el menú, estarían de nuevo nadando entre el caldo esas bolitas de carne que milagrosamente regresaron a mí.
La vida da muchas vueltas, es bueno detenernos en el estudio a meditar antes de subirnos a todas ellas. Pero tampoco es bueno seguir acostadas cuando ya despertamos… porque se nos enfrían las albóndigas… y se nos va la vida.


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