A veces que quiero escribir pienso en mí como una
despensa. La de mi casa es grande y café. Es viejita pero la quiero mucho.
Cuando era niña estaba llena de cereales infantiles y chocorroles. (A mí me
gustaba Capitan Crunch).
despensa. La de mi casa es grande y café. Es viejita pero la quiero mucho.
Cuando era niña estaba llena de cereales infantiles y chocorroles. (A mí me
gustaba Capitan Crunch).
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Cuando me siento (o acuesto) frente al monitor, es como cuando abría la despensa con aquellos anaqueles que no alcanzaba de niña. Miro de un lado a otro, de arriba y abajo, buscando lo que se me antoja. ¿Dulce o salado? ¿Caliente o frío? ¿Qué comeré? Así mis dedos en el teclado. ¿Tristeza o alegría? ¿Amargo o dulce? ¿Qué escribiré?
No hay nada más complicado que elegir al empezar a escribir… después de eso es sólo masticar el tema. Pero creo que lo importante es el paso en el que uno abre la despensa, porque lo que está dentro es de lo que te alimentas el alma, lo que vives, lo que guardas en el corazón, de lo que está echa tu vida.
Debo aceptar que a veces los problemas del día invaden lo primeros anaqueles, y cuando quiero lo hermoso de arriba, al trepar sobre los pendientes no alcanzo y por eso me vuelvo inconstante.
O a veces me impresiona tener tantas banalidades que pueda llegar a declararme anoréxica de espíritu. ¡Dios mío! ¿Anoréxica yo? ¡Sí! Creo que los días banales pasan uno a uno llenando los anaqueles y cuando menos nos damos cuenta , ya no hay nutrientes en el alma.
Y ¿Qué pasa cuando morimos de hambre? Nos ponemos de genio y le gritamos al primero que nos dirige la palabra. Vendemos nuestra alma al primero que ofrece unos tacos al pastor. Así con el espíritu. Nos olvidamos de lo mucho que valemos y nos vendemos al primer postor. Por sentirnos solas, por estar anoréxicas de corazón. Hoy me di cuenta de esto y ¿Saben qué? No me siento ni mal ni culpable. Es una experiencia más que la vida me ha dado para sonreír, dar la media vuelta, tomar mi ipod, mis shorts, mi blusa, mi sombrero, las llaves de mi cherrary e irme al súper.
¡Nunca te olvides de lo mucho que vales! Y no te sientas culpable por ser anoréxica de espíritu. Sonríe y nos vemos en el Súper. Yo voy por unos Capitan Crunch y un CD que me repita una y otra vez lo hermosa que es la vida y lo poco que vale la pena alimentarse de comida chatarra.



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marzo 26, 2012 a las 12:03
Para mi estas muy nutridita de cosas padres! y tu espiritu se ve “llenito” de buena vibra! … gracias por compartirnos de tu comida Lucy! … =)
y un gansito tmb! … infaltable!
no olvides los chocorroles
marzo 26, 2012 a las 15:31
que bonitoo Lucia!! cada vez soy mas tu fan!
marzo 26, 2012 a las 18:28
Me gusto mucho. Gracias Lucía por cada consejo. Ha sido muy bueno leer cada uno de tus artículos. ¡Nos vemos en el super!
abril 05, 2012 a las 14:30
Estimada Lucía:
Me gusta muchisimo tu columna, y yo tambien comparto contigo un “cherrary”… Felicidades, la mejor columna que has escrito es la de los delfines, practicamente insuperable!
abril 10, 2012 a las 16:35
Muy bueno, thanks!!
abril 19, 2012 a las 10:45
Megustoo mucho, cortito y nutritivo… es como dice en aquel libro de la maestria del amor …” Tu tienes una cocina y si cocinas puras cosas deliciosas te alimentaras bieny te sentiras feliz es mas hasta podras compartirlo con los demas por que tu cocina es magica y alcanza para todos… y si es asi y un día alguien llegara a quererte dar un pizza fria no la aceptarias o si? ya tienes tu cocina magica que te da lo que necesitas no aceptarias una pizza fria, barata..” no es textual peor algo asi era la idea..cuando te amas tanto a ti mismo, no necesitas de ese “amor” que algunos te quieren dar “a cambio de cosas” el amor es incondicional
Un beso y saludos desde GDL
abril 19, 2012 a las 11:14
wow ese libro me encanta! y los cuatro acuerdos tmb!!!!! y justamente de ese libro “la cocina interior” fue una de las cosas que más se me quedaron en la mente…. te mando un fuerte saludo tmb de GDL jajajaj besosª