Saliendo del gimnasio me saboreaba unos huevos rancheros así que me paré con Chantal en un café que se llamaba “Reencuentro”. Haciendo honor a su nombre me encontré con una mesa de hermosas mujeres. Me levanté y las saludé. “¿Se acuerdan de mí?” Les dije “Eres la guerita de diez hermanos” Me dijeron. Todas y cada una de las presentes habían sido mis maestras…
“Sólo quería decir que muchas veces no saben lo que hacen por un alumno que parece que ni pone atención a la escuela, hoy pienso que debí haber escuchado más y hablado menos, sólo quería darles las gracias…”
Reímos, yo en específico me acordé de aquella vez sentada en las computadoras. Tenía clase de mecanografía y no me acuerdo de la cara del profesor o profesora pero nunca olvidé una frase: “Si aprenden mal, aprenderán más rápido pero si lo hacen bien y con los dedos indicados, aprenderán para toda la vida…”
Su frase me entró tanto al corazón que aprendí bien y a la fecha tecleo como debe de ser, cosa que en ese momento no sabía que me serviría tanto.
Y es que hay algo más difícil que aprender y esto lo aprendí en la universidad de boca de un profesor: “Aprender a desaprender es lo más difícil que hay”.
Subestimamos la escuela. Olvidamos rápidamente la infancia y nos convertimos en unos patéticos adultos de poca sonrisa. Yo que había prometido no crecer, lo juré cuando compré esas plantillas en la papelería sobre el cuerpo de la mujer cuando crecía en la adolescencia. Yo no voy a crecer, me prometí. Gastaré todas mis fuerzas para no crecer. A diferencia de mis amigas que se emocionaban por tener busto y cólicos. Yo me rehusaba. Quería estar con las maestras siempre, jugar en el recreo y aprender. Que crezcan ellos así me quede sola.
Comencé a tener pesadillas. Soñaba que crecía y me volvía igual de aburrida que todas las señoras. Nunca entendí cómo pueden reunirse en un café y nadie llevar un juego de mesa. Me pareceía una tribu patética de personas sin creatividad. Mi mamá era una de ellas pero a ella la amaba y lo que hiciera estaba bien, en el fondo yo sabía que era una niña como yo y que tampoco comprendía a las señoras pero jugaba a ser una de ellas durante el día.
- Mamá, sé que debo de aceptar mi destino. – Un día le dije por la noche.
- ¿Cuál destino gorda? – Me preguntó con poca seriedad, tendría unos ocho años.
- Sé que me convertiré en una de ustedes, no conozco un adulto que siga jugando a las barbies y muñecas y tarde o temprano voy a ser tan aburrida como todos ustedes… – Mi mamá no paró de reír, creo que no entendía lo que quería decirle.
No sé que día mi niña aceptó el hecho de que tenía que dejar de llevarse juegos de mesa a los cafés. Regalar sus muñecas y dejar de creer.
Crecer, esa cosa que hacemos todos los días y en la suma del tiempo no nos damos cuenta. ¿En qué momento me rendí? Hoy me veo en el espejo y me río de verme “grande”. No saben las carcajadas que puedo echar cuando antes de meterme a bañar tengo un ratito para verme al espejo. ¡Soy yo! Pienso y una cascada de recuerdos buenos y no tan padres se me resbalan por los ojos. “Aquí estás Lucía” Me digo y sonrío mientras checo si el agua ya está caliente.
¿En qué momento llegamos hasta aquí? Todavía me acuerdo cuando mi mamá me decía “Desde aquí te veo mijita” cuando atravesaba la calle para ir a la tiendita y ella se quedaba en el coche. ¿Cuándo dejé de necesitar que ella me viera para dar un movimiento?
Mamá ¿En qué me convertí? Hace poco me graduaba y ahora no sé para dónde voy. No me quejo de la vida, me gusta, es sólo que a veces sigo sintiendo que soy esa niña de primaria asustada en una esquina cuando entregué a mis papás las calificaciones. ¿En qué momento tomé el timón?
No sé y tampoco sé si lo hice con gusto, creo acordarme que sí pero no sabía lo que significaba. Cruzar la calle sola, cambiar el cuerpo y meterme en una obra de teatro que a veces me da risa. Protocolos, compromisos, dinero a las tarjetas para no pagar intereses y miedos más grandes que el de un “mostro” abajo de la cama.
Suspiro, que rápido pasa el tiempo… pienso. Personas que ya no volveremos a ver y caminos que tampoco volvemos a recorrer. La vida es una y mientras más amemos lo que somos sin importar si ayer fuimos mejores es que podremos seguir sin detenernos. Queramos o no, crecemos. ¿Qué encontramos en el camino? Trabas, miedos, pero si queremos: plenitud.
“Aquí estamos” , con lo que aprendimos, con lo que desaprendimos, con lo que tenemos que desaprender y lo que nos falta por saber. Somos lo que sí alcanzamos a escuchar en clase y lo que decidimos no escuchar. Somos la certeza de vernos al espejo y reconocernos porque podemos. Somos memoria, somos tiempo, somos arrugas en la boca de tanto reír. Somos aquellos niños que arropaban antes de dormir. Somos clases de mecanografía y tiempo muerto en dirección. Somos los que nos reímos en la biblioteca y los que tenían miedo en la clase de natación. Somos la película prohibida que vimos y el cigarro que probamos. Somos tiempo, somos aquellas personas que salimos del gimansio por unos huevos rancheros.
Pero si algo me da seguridad es que soy también lo que fui. Cada célula de mi cuerpo aunque sea una nueva lleva guardado mi cuerpecito de infancia y mi manera tan simple de ver el mundo. A veces crecer es dejar que esa niña viva en nosotros, traerla a nuestro mundo, sentarla en nuestras piernas en la oficina y decirle que tiene que estar quietecita hasta que de la hora de comer, pero reír juntas en las juntas.
Tal vez eso es lo que me hace falta, un “Reencuentro” con mi sabia niña interior que a veces está dormida porque se cansa de tanto gritarme que quiere existir. Tal vez, si pongo atención, todavía tenga guardada aquella información que escuchó en clases y pueda ayudarme a entender esta obra de teatro que significa ser adulto. Tal vez me diga que no sabe nada pero que quiere jugar y entonces la deje, y entonces responsablemente decida ser niña para toda la vida.






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febrero 21, 2012 a las 1:16
Que hermoso escribes Lucia! Sinceramente creo que todos llevamos un/a nino/a por dentro y debes en cuando no duele nada dejarlo/a salir. Saludos!
febrero 21, 2012 a las 8:40
Me veo muy bien con mi corte de ‘honguito’
febrero 21, 2012 a las 10:48
ME GUSTO MUCHO….EL VIDEO TAMBIEN…..CREO QUE TU SI GUARDAS ALGO DE NINA!!!
febrero 21, 2012 a las 11:15
ese es mi brotherrr!!!!
febrero 21, 2012 a las 11:17
Hola rubia!
Heme aqui de nuevo leyendote como de costumbre, nunca te ha pasado que ves a unos niños haciendo algo que segun tu parece tonto y dices: “niños” como si nunca lo hubieras hecho y piensas:”en que momento comenzo a parecerme tonto?” es como si te dieras cuenta que ya creciste y te asusta.
Se que te gusta leer, tengo una recomendacion para ti y me encantaria que escribieras una reseña de ese libro: “La princesa que creia en los cuentos de hadas” de Marcia Grad, no es lo que parece por el titulo, es muy parecido a lo que escribiste hoy y no dudo que te encantara, enserio, leelo, yo lo he leido muchas veces, si lo lees, prometo leer uno de Bucay
besos rubia, otro buen texto, felicidades!
-Eli
@Eliizzy
febrero 21, 2012 a las 14:59
SOBERBIO, cada día escribes mejor y seguire siendo tu fan por los siglos de los siglos. que mas te podemos decir sino que tienes la boca, llena de razón. yo tampoco queria crecer, aunque sigo siendo niña!!
febrero 21, 2012 a las 15:36
Me encantó!!!! …
febrero 21, 2012 a las 16:15
Rubiaaaaaa!
Acabo de leer tu mail, fijate que yo tambien tengo el libro de “La princesa que creia en los cuentos de hadas” subrayado! a veces lo leo unicamente con lo subrayado, que emocion que tambien lo tengas asi, yo a los 15 años lo lei y me sigue encantando.
Gracias por la respuesta y bueno, a revivir a Vicky que en tu caso seria Luci
besoos
-Eli
febrero 22, 2012 a las 1:12
Que contradicciòn… volver a ser niño para ser un adulto pleno(?) Plenitud es la de un niño que ve al cielo y sonrie, que juega y solo le importa divertirse, disfrutar de lo mas simple de la vida!, saborear unos chetos con fanta como un super banquete ( lo siento tnia q ponerlo jeje para mi era lo mas sabrosisisimoo =D ), soñar con ser superheroe entre taaantas cosas, que dariamos por esa oportunidad de revivir de reencomtrarnos… Esperaaaa, la tenemoooos!!!! uf y eso es lo mejor!!!… mantener esa felicidad, que se vuelva eterna… quiza el ciclo de la vida deberia ser inverso, de viejos a niños… y asi realmente valorariamos mas este viaje q llamamos vida…
febrero 22, 2012 a las 2:40
Hola… me encanta leerte, lo hago cada que publicas algo!
y leyendo esto, me vino a la mente algo que leí hace tiempo en una revista, era un artículo sobre la toma de decisiones y lo difícil que es para los adultos decidir algo (sobre todo cuando es importante e involucra a uno mismo) y uno de los consejos es que tomes la decisión como si fueras un niño, si, ¿que pensaría un niño? ¿o que diría un niño? xk simplemente los niños ven la vida muy diferente a los adultos, para ellos es muy simple, y los adultos la complicamos bastante… En aquel entonces, tomé una importante decisión como si fuera niña, escuchando mi corazón… y no me arrepiento…
Te seguiré leyendo!! Saludos!!
febrero 22, 2012 a las 11:05
Muy bonito lo que escribes. Gracias por esto, es necesario no olvidar que tenemos con nosotros a aquella personita que eramos y que se divertía. Recordarlo será tarea principal para mirar la vida desde otra perspectiva, la de ser feliz, APRENDIENDO Y DESAPRENDIENDO. GRACIAS LUCÍA.
febrero 27, 2012 a las 13:59
“A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: “¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?” Pero en cambio preguntan: “¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?” Solamente con estos detalles creen conocerle.” El Principito.
Ojalá no perdamos nunca esa niña que se, todos (unos mas en el fondo que otros) tenemos!
Besos Lucía!
febrero 28, 2012 a las 12:54
wwwwwwwooooooooowwwwwwww y requete wwwoowwwwwwww relamente hermosa historia una de tus muchisimas fan’s me encanto el video me podrias decir quien la canción SALUDOS DESDE MONTERREY, N.L. FUERTES ABRAZOS BESOS POR IGUAL