Supe por primera vez de la existencia del chef Richard Sandoval, hace unos ocho años, cuando probé el delicioso Combo Cured Hamachi (un tiradito con pepino, naranja, chipotle, cilantro y ponzu), y luego me enamoré de él con sus Tuna Sashimi Tostadas (con kabayaki, anchoas y aioli de chipotle). Estaba en Denver, en su restaurante Sandía, su comida fusión latino y asiática es excepcional. Lo quise conocer personalmente pero fue imposible, no estaba en la ciudad (había viajado a Las Vegas a echar ojo a su “local” allá, un lugar llamado Isla), sin embargo nos concedió una entrevista vía telefónica para la revista Vuelo, la que en aquel entonces yo editaba. Dejé de reportear viajes para reportear moda y celebridades cuando me cambié a InStyle, y aunque la comida y sus creadores siempre pueden ser grandes temas, me olvidé de mi obsesión por felicitar en persona a Richard. En los años siguientes, durante viajes personales visité Pámpano en Nueva York (que abrió en 2003 junto con Plácido Domingo) y Tamayo en Denver. Y cuando Tuna abrió en Polanco, invité a Felipe Fernández del Paso a comer. Como era de esperarse, le encantó. “¿De quién es este restaurante?”, preguntó.
Sandoval es un mexicano que no muchos conocen, pero cuando dices “su papá es el dueño del Madeiras en Acapulco”, todo el mundo ubica. A nivel internacional es reconocido, no sólo por la cadena de exitosos restaurantes, desde Nueva York hasta Qatar, pasando por Punta Mita, sino por su novedosa oferta culinaria. Su especialidad, la comida mexicana moderna con toques latinos e internacionales. La revista New York lo reconoció en 2003 como uno de los mejores chefs.
Total que recién entré a editar Quién (hace unos cuatro meses) cuando Jacqueline Benítez me invitó a cenar con él, ya que estaría unos días en México. Pero esta publicación catorcenal no era el paraíso que me dejaría durante las primeras semanas de trabajo, salir a una comida para cumplir mi capricho. Aunque esta vez ya no pasaron ocho años, sino solamente tres meses, al fin conocí a Richard y pude decirle cuánto lo admiro. El Hotel Brick cumplió la semana pasada un año de su apertura y, Richard (socio de alimentos y bebidas del hotel) invitó al chef Kazushiro Okoshi (dueño del Kaz Sushi Bistro en Washington) a preparar un menú de degustación para festejar. Seiscientos pesos, vino incluido. Excelente precio para probar platillos de ambos. Lo que más me gustó fue el Pork Belly braseado con callos de hacha mojo y querelle de arroz japonés con tabico wasabi… ¡uffff! Aunque el postre también está buenísimo. Panacotta de vainilla con huele de mango, crujiente de almendra y cubos de fresa. Estará disponible hasta la próxima semana para que se den una vuelta.




Imprimir