Por Guitele Chernitzky | Jueves 06 de diciembre de 2012

“Ya estamos a jueves, así es que realmente con esta semana, ya no se cuenta. Nos veremos el lunes.”
Me dio el: “respira profundo y detén el aire. Sigue deteniéndolo, sigue deteniéeendolooo…relájate”. Estoy segura de que algo no hice bien en este ejercicio, porque sentí una clase de mareo sólo comparable con lo que se siente en el acto de postergar, que tantas veces (al día) nos hacemos a nosotros mismos y ¡perdemos la brújula!
Detente por un momento y define “desperdiciar” en tu vida. Piensa en cómo distribuyes tu tiempo, en tu energía y recursos. Todo eso que hacemos y nos lleva directamente a… ”ningún lado”. Y qué hay del bienestar de nuestro cuerpo, mente y espíritu. ¿Qué decir de nuestros talentos y habilidades? ¿Hacemos conciencia de ellos? Y toda la ayuda que existe a nuestro alrededor… ¿la estamos usando?
La mayoría de las personas no reconoce que el enemigo real de nuestras vidas es postergar. El desperdiciar nos cuesta oportunidades. Tiempo, gozo, dinero. Nos cuesta dignidad y auto respeto. Les tengo una mala noticia; las oportunidades no se van, ¿eh? Alguien más las toma.
Sabemos que podemos hacer las cosas mejor, pero no lo hacemos. De pronto el desperdiciar se convierte en parte de nuestra vida, es como ofrecer el platillo más delicioso y acabar sirviendo chicharrón (y además, seco).
¿Nos dará miedo convertirnos en personas que dicen: -lo voy a hacer y lo hacen-? Creo que nos hace falta probar esa fórmula porque se siente delicioso y además no deja tiempo para el reproche, y ¡la enfermedad! De verdad no quiero preocuparlos pero lo que es… es. Enfermedad viene de –INFIRMARE- que hemos perdido la firmeza. Entonces, postergar=a preocupación=a stress= a enfermarnos.
A sabiendas de que el tema de postergar es tan amplio en vía de mientras y en aras de ver, qué se sentía postergar, les aviso que sentí horroooooooorrrrroooooso el no escribir mi blog a tiempo y no nada más recordé que los seres humanos dejamos de confiar en nuestros propios arsenales sino que soñé con los siete enanitos del cuento de Blanca Nieves.
Vi a Estornudón, que seguramente no toma suficientes vitaminas, a Gruñón que reprobó la materia de optimismo, el Doc, que andaba de político intelectual (¿?) y el Dormilón, que andaba de narcoléptico, el Tontín, que a falta de inteligencia, siempre finge que se aburre, a Feliz, que seguramente es adicto a los tranquilizantes, y el que más me asustó fue Despistadón, ese tiene déficit de atención. Para quien hoy es mañana y mañana…quien sabe. Que le gustan las fechas tope (y acaba dándose de topes), que cree que el tiempo le va a llover a cántaros. Ese es el que no sabe practicar su potencial, sus atributos divinos, para concentrarse, repartir bien su tiempo, vivir aquí y ahora y no se presiona. (¿A cuál adoptas tú?)
Hemos olvidado utilizar nuestros atributos divinos. El ser dorado de cada uno está en nuestra esencia. Busca salir y no lo permitimos. No les miento… ¡nos falta prudencia! La prudencia es el amor valiente o hábil hacia nosotros mismos y aunque la prudencia no reina… ¡sí gobierna! No posterguen su prudencia, ¡de veras con ustedes!
Aquí les regalo una reflexión que a mí me pone de nervios, porque lo último que quiero es que me quiten la ramita…
Al rey le regalaron dos halcones reales. Uno volaba desde que lo llevaron, el otro siempre estaba parado en la ramita donde lo dejaron. El rey no sabía ya que hacer, ofreció mil monedas de oro a quien lo hiciera volar. Nadie lo logró.
El hijo del jardinero le dijo al rey, yo puedo hacerlo volar, el rey le dijo: Te doy una noche para que lo intentes. A la mañana siguiente, los dos halcones volaban libres, el rey, feliz, corrió a felicitar al muchacho y le dijo: ¿Cómo lo hiciste?, el niño le respondió: muy fácil mi rey, corte la ramita en donde estaba parado y tuvo que volar.
La gran píldora del Tótem de los aguerridos:
“No aceptes lo “suficientemente bueno” como suficientemente bueno.
@missguity
ladocenradio@gmail.com
Por Guitele Chernitzky | Jueves 22 de noviembre de 2012

Ya los vientos cálidos y perfumados del otoño se alejan y el invierno se introduce en cada rincón de la fauna, de la flora, del alma. Surgen los maravillosos rituales que el hombre ha diseñado para que no se quebrante su espíritu. POW-WOW es la palabra que describe entre los indios nativo-americanos, las reuniones que permitían a las personas arroparse y llenarse de alegría e inspiración ante la virtud de saber nutrir a los demás.
Los POW-WOWS tenían como meta reunir a viejos amigos y llenar el aire con evocadoras historias, alrededor del fuego dentro de un gran tippi. Eran felices hablando de hilos hermosos pintados con frutas y especias. El brujo de la medicina traía historias de nuevas curaciones. Los niños cantaban.
Lo más bello era sentirse libres del deseo de ganar. De la presión de ser mejores que otros, de representar con honor a sus tribus. El trueque era una de las costumbres que más disfrutaban. Había que ser justos, y ¡cuidado con las etiquetas! Porque en el POW-WOW no se valía observar con envidia las posesiones de los demás, mucho menos criticar la vestimenta o las viandas que se ofrecían. Eso se consideraba; “perder la cara” hoy en día:… “no tener vergüenza”.
¡Y qué decir de las noches! A la luz de la luna bailaban, curaban a quien necesitaban medicina en el cuerpo o en el alma y los contadores de cuentos mantenían a sus ávidos escuchas en espera de relatos extraordinarios que habitarían sus mentes de imágenes que los acompañarían por siempre.
Degustaban platillos deliciosos… comida de amor.
Al finalizar, la ceremonia de “La danza del sol” mostrando al “Gran Misterio” (Dios), que todos tenían el corazón lleno de gratitud por todo lo que habían recibido con humildad y sin envidias ni resentimientos, que al son de el sonido de los -tambores que hablan- se despertaba la madre tierra feliz y entonces preparaba una nueva primavera.
Hacia fin de año, se hacen grandes festejos para reunirnos con personas que amamos o apreciamos.
¿Cómo estamos preparándonos? Es nuestra intención comprar el regalo más ‘apantallador’ o preparar la cena más elegante para que –nadie me gane- o ya están invirtiendo en ropajes ¡WOW! ¿Para criticar el de los demás? (¡de veras con ustedes!)
¿No le gustaría transformar toda la parafernalia de las fiestas en algo así como… ¿Cocinar rico, decorar con calidez y convocar a sus más queridos para regalarles la belleza de un banco de memorias lleno de recuerdos que inspiran a los que ya olvidaron, y hacerles sentir que los piensan y extrañan? – Tan sólo de imaginar reunir a quienes siempre están para mí, a quienes me dan luz en el camino, me impiden “regarla” y recuerdan que valgo, me dan ganas de hacer un POW-WOW de aquellitos! (ya estoy planeando todo un escandalito para acción de gracias).
Recuerdo con gran cariño a un querido amigo hindú… Raví. Hace algunos años nos invitó a sus amigas mexicanas a un festejo en su bella tradición. ¿Qué me voy a poner? ¡Quiero verme la mejor! –y ¡oh sorpresa! Al llegar -después de tanto desgaste del ego- su mamá nos esperaba con saharis de mil colores, texturas (y hasta aromas se los juro). Nos vistió y maquilló los ojos con kohl y nos puso un círculo rojo en la frente. Degustamos platillos divinos y bailamos al son de Ravi Shankar y nos juramos… amistad eterna.
Mi POW-WOW personal es donde existe una canasta para ofrecer lo mejor. Abrigo, alegría. Trueques de experiencias, comida rica, aliñada, perfumada y dejar a los demás mejor de como los encontré para que no se pierda la dimensión significativa de nuestra humanidad.
Deseo que durante las fiestas, antes de que termine el año, armen ustedes una clase de POW-WOW que sea inolvidable. Donde no critiquen, no compitan, donde no se amarguen con el “regalito que les tocó” (el regalito ¿qué culpa tiene?) y hagan ustedes una reverencia ante su propia existencia.
Píldora del gran TOTEM de los aguerridos: “PAW-avos rellenos de la mejor vibra”.
Psicoterapeuta –Conferencista
@missguity
ladocenradio@gmail.com
Por Guitele Chernitzky | Jueves 08 de noviembre de 2012
Existen tres círculos viciosos de esos que nos quitan el sueño, pero que no les ponemos nombre y apellido y entonces nos hacemos la ilusión de que no vamos a caer en ellos. ¡Pero cómo que no! Diario vamos dando pasitos hacia ellos y no nos damos cuenta hasta que ya estamos dentro… ¡gulp!
El primer círculo vicioso es; RELAJACIÓN DE COMPROMISO. Aquí es donde nos da por hacer las cosas bien. Empezamos un proyecto y depositamos toda nuestra energía. Creatividad y productividad están al servicio del mismo, y justo antes de terminarlo algo pasa. El caso es que no queda como esperábamos y no entendemos por qué. Imaginen. Sobre una estufa hay una sartén, dentro, una rana en agüita tibia feliz, que no se da cuenta cuando alguien le sube el fuego y la sopita de rana no se hace esperar. Eso es, relajar el compromiso.
El segundo circulo vicioso corresponde a la famosa “ZONA DE CONFORT”. Esta zona no es sólo una colección de sentimientos o sensaciones, -es como un poltergeist dentro de nosotros por eso lo del título de esta columna- que nos hace pagar precios muy altos en nuestras vidas. Ahí nos sentimos resguardados. Nadie nos invade y nadie nos obliga a salir. Andamos pagados de nosotros mismos, si presumiditos y presumiditas y creemos con fervor que tenemos todo bajo control (oh sí). Hay personas no ven la Zona de Confort como una limitación. Le dicen: conciencia, intuición, etc. Y ahí se mantienen. Me imagino que no tengo que recordarles cómo les ha ido cuando no han parado las antenas y menos cuando no han pensado con rigor.
Es como las ranitas que caen a un pozo profundo. Intentan saltar y salir pero se lastiman tanto que las ranitas que las ven desde arriba les dicen que mejor ahí se queden. Una les hace caso desiste. La otra, sigue brincando hasta lograr salir toda vapuleada. Ya a salvo las demás le dicen que vea nomás como se lastimó que porque no les hizo caso, a lo que ella responde-“que… qué! ¿Soy sorda que dicen?”.
En las empresas donde imparto capacitación y conferencias hay ejecutivos que comparten conmigo sus experiencias de haberse quedado muy en Zen, es decir, aquí no pasa y entonces la famosa Zona de confort les pega en su talón de Aquiles y… los que se creían controladores son controlados.
Luego, y por si no tuviéramos suficiente, viene el tercer círculo vicioso, el peor de todos: HARA KIRI POR LA LEY DEL MENOR ESFUERZO. Los Samuráis se hacían el Hara Kiri por que habían perdido el honor y sentían vergüenza. ¿Dónde aplica aquí el paralelismo? Cuando postergamos porque sentimos que hasta el tiempo lo dominamos. Cuando estamos seguros de que tenemos control de todo y de todos e incluso creemos poseer la varita mágica que a la orden de “Hocus Pocus” hará nuestros deseos realidad. Estamos jugando a la Ley del Menor Esfuerzo y ¡cuidado! Porque nos podría pasar como la ranita que por creerle al escorpión, que le pidió lo pasara en su lomo al otro lado del río bajo promesa de no picarla, lo hizo. Y claro, el escorpión la picó aun a sabiendas de que iba a morir él también ya que no alcanzaba el otro lado todavía y la inocente rana le cuestionaba el porqué… a lo que el escorpión le respondía: “Ay ranita quien te manda creer que a ti esto no te iba a pasar. Nací para picar”… y picó.
La píldora del gran TOTEM:
“Revisa tus arsenales y ve si tienes energía para desperdiciar en la peor forma de tortura… postergar”.
Por Guitele Chernitzky | Viernes 26 de octubre de 2012
Hace ya tiempo que no pegaba mi frente en un ventanal. ¿Recuerdan? como cuando éramos chiquitas (os) y nos deteníamos a ver tras del vidrio bien limpiecito de las panaderías antiguas, pastelitos topeteados con crema (de esa que todavía se hacía batidita y toda la cosa) o juguetes adorados que imaginábamos lo solos que se sentirían de noche en ese aparador lleno de lienzos de tela para hacerlos lucir.
A mí me encantaba empañar el vidrio con mi aliento y luego… dibujar ositos o corazones. Me imaginaba que algún ángel los vería. Y aquí nostalgiando, tengo pegada mi frente en la ventanita del avión escribiendo esta nota.
Quiero apurarme porque no tardan las azafatas en dar las instrucciones y yo siempre presto atención (a mí me decían –niña pon atención o no te dan charolita con comida-) por aquello de ”las flais”.
Estimados pasajeros, bienvenidos a” Shubidubi Airlines”. Nuestro vuelo será de tres horas aproximadamente y volaremos a tres mil doscientos punto tres y medio metros de altura (es mucho ¿no? digo no exageren porque espantan). Volteo a ver a los demás pasajeros y nadie parece nerviosito, pero a mí no me engañan. Me dejo ir en mi pasatiempo favorito, y empiezo a analizar a mis vecinos de asiento… ”Cumpliendo con normas internacionales -sigue la señorita de sombrerito que le confiere status de experta del aire- les indico que tenemos cuatro salidas de emergencia…”.
Emergencia la que ha de tener el señor que está a mi lado y todavía no apaga su celular y yo sí le voy a aplicar la dirty look: “lo estoy viendo ¿ehhhhhh?”. Debajo de sus asientos se encuentra el chaleco salvavidas (ya me estresé) y metan la mano por aquí y le soplan duro para que se infle (ya me dieron ganas de ir al baño, porque de tan sólo pensar en que no me alcance el aire para inflar el famoso chalecoooooooo!). La señora del otro lado se ve que vive volando y no está atenta o estará evitando un panic attack, seguro.
Cuando se prenda la señal, (¡ay ya! ¿Cual señal? no se me vaya a escapar) apagarán sus celulares, blacks, iPads iPhones, Ilatina y favor de mantener su cinturón de seguridad hasta que el capitán les avise”.
No resisto las ganas de empañar la ventanita y dibujar pero no vaya yo a ir en contra de las normas internacionales y entonces sí.
Sólo para disimular mis nervios, hago como que tomo las instrucciones escritas y me invade la idea de que aquí, en el aire, todo se vive sin vínculos y sin límites, todo lo contrario de lo que sucede en las áreas del aeropuerto donde se despide a quienes parten y donde se recibe a quienes llegan. ¿Has sentido el calor que se vibra al despedir? Y ¿lo fresca que es el área donde se recibe? Son las emociones las que ahí mandan, no nosotros.
“…Y si hay un cambio repentino de la presión en la cabina, saltarán frente a sus ojos (gulp) las máscaras de oxígeno y favor de ponérselas primero ustedes y después a los niños”. Ahí –sigo analizando- todos se hacen bolas y empiezan a buscar miradas, que en complicidad, les ayuden a entender ¡cómo! ¿Primero yo? y ¿las criaturas? Así ha de ser su vida pienso yo, se olvidan de sí mismos, se vuelcan en los demás y luego se quedan sin aire para ellos mismos. Me dan ganas de tomar el micrófono del avión y decirles: “el mejor papá… la mejor mamá…, es aquel que primero está bien consigo mismo, que se da a sí misma, que se respeta y busca su bienestar y luego le da a los demás, porque si no lo hace… no puede dar con calidad y se le agota la energía. La energía es como una cuenta en el banco, hay que usarla pero siempre tener algo en reserva. -“Serviremos los alimentos en unos instantes “-Los ruidos de las mesitas portables no tardan en escucharse parece que de pronto… todos tienen hambre.
Igualito como la señora que al retrasarse su vuelo va y compra una bolsa de galletas, se sienta a leer y de pronto… que se aposenta a su lado un hombre todo bien vestido, acicalado y aliñado y sin aviso previo toma una galleta y se la come con fruición. La señora casi brinca pensando -¡Pero cómo se atreve, se está comiendo mi galletaaaaaaa!- Y el acicalado… se come otra más! La señora no puede creer que alguien de tan buen ver, pierda la gracia. En el turno de la última galleta él la parte a la mitad y le ofrece. Ella le da el volteón de cara y se sube al avión. Ya acomodada saca lentes, libro yyyy ¡la bolsa enterita de las galletas! Por andar de –yo la perfectita y no cotejar- voló bajo.
Yo sigo pensando en la filosofía de la máscara de oxígeno, empaño mi ventanita y escribo la píldora del gran Tótem:
“Si yo no estoy para mí… ¿quién va a estar?
Si sólo estoy para mí… ¿de qué sirve?
Si no es ahora… ¿cuándo?
Hillel
Dra. Guitele Chernitzky
Conferencista- life coach-
Directora del Inst. Manejo positivo del stress.
ladocenradio@gmail.com
Por Guitele Chernitzky | Jueves 18 de octubre de 2012

¡Como loca llegué a ponerme el uniforme de baile!, no sé cómo es que se me hizo tarde si sólo venía pensando en el deseo y la esperanza.
Me siento muy emocionada porque de nuevo estoy tratando de mover el cuerpecito y estoy a todo lo que da tomando mis clases: merengueras mamboleiras guaguancoeras y todos esos estilos sabrosones.
No están para saberlo, pero hace algunos años, no muchos -porque yo empecé pollita en mis haceres- me movía feliz por las pistas de baile y hasta ruedita me hacían. Pero por ahí dicen que somos tiempo cambiante y de repente nos agarra el síndrome del “couch potato” y dejamos de hacer lo que más nos gusta y que nos lleva a caer en el vértigo que nos aleja del éxtasis.
“Guítele, estamos por empezar chica, ¡muévete!”, dice la maestra que es una cubanaza de caderas de merengue. Se los juro que trae el son en el corazón y contagia. Además, aquí entre nos, me trae sudando sin compaSon.
Yo no sé, pero la cosa está fea, estamos llenos de excesos – noticias, comida, fumada, bebida, necesidad de estar en la escena social, en el reventón, ser incluidos en todo y con todos, en tener siempre la razón, en la moda, en tener… tener… bueno y lo de SER y HACER, ¿dónde quedó?
Ya voy corriendo a la pista de baile y empezamos a calentar músculo, trato de que nadie se de cuenta de que a los 10 minutos ya no tengo aire y sonrío para disimular y jalo aire por la boca también ¡uf!
Tres, cuatro, cinco y arriba -tengo que lograrlo- y no caer en la sociedad sin vínculos afectivos. Sí, esos grupachones “light” que traen fecha de caducidad, donde el compromiso es palabra tabú y todo queda en la vía de mientras hasta los sentimientos, ¿me creerás?
Y… hombro, hombro cadera, cadera, cabeza, ¡no pierdan el ritmo! ¿Ritmo? Estoy preocupada porque el sudor ya se me asoma por las axilas, y hasta el bigote. ¡Sudar del bigote nomás no!
Mi compañero de baile me dice que no me ve concentrada.
Los de adelante, haciendo “machincuepas” -¿a qué horas se la aprendieron perros del mal?- mientras tanto yo me inspiro pensando que el baile y la poesía son inseparables. Los valores y los principios también deberían de serlo. ¡Auch, músculo abductor anuncia calambre!, pero ni le muevo.
Me angustia que la ética en esto de DESEAR y ESPERAR esté tan distorsionada. Después de todo, ética significa perseguir el bien ¿no? Desear es un acto de voluntad y esperar -es un acto pasivo-. Por eso los excesos, porque no tenemos claro que para lograr metas en la vida tenemos que motivarnos, ¿Qué quiere decir motivación? Motivare=movimiento. Entonces, ¿no serás tú de los que están esperando a que las cosas vengan a ti? Digo porque nosotros tenemos que movernos hacia las cosas con fe. Sí, fe en la abundancia.
Jalón, jalón y de nuevo, vuelta suban pierna sosténgalaaaa y respiren que no se vea que están cansados – me dio el “dolor de caballo”-. Entonces, como les decía- uff la “palpiteishon” está de a peso- fe en la abundancia de amor, salud, dinero, alegría, creatividad, noches con amigos de fierro, de esos que siempre están a pie firme y sin rendirse, abundancia de cercanía con los que amamos, sin excusas de distancias ni pretextos. – Voluntad como aliada.
¡Uuuuuy! Llegó la miss caderas merengueras- “Chica, ¿lista para la vuelta del final con doble giro brincando sobre el hombro de tu compañero agarrándote de su espalda y sosteniendo sus piernas, apretando tus glúteos para que te veas linda?” Si miss. Va la vuelta y… ¡ranazo! pero eso sí, con fe.
Me voy bailando. La luz me acompaña y hace bailar mi sombra.
Píldora del gran Totem: “En esto de la fe, favor de estar atentos y alertas no vaya a ser que el amor toque a su puerta y ustedes en la cola de las tortillas…”
Por Guitele Chernitzky | Jueves 11 de octubre de 2012

“La paciencia es la virtud que más se necesita precisamente… cuando se agota”
A ver. A que ya se pusieron impacientes por saber a qué se remite el título de mi nota. ¿No? Ah, ¡cómo de que no! Si eres de los que gritan pensando que sólo así las cosas se van a hacer; o de las que truenan los deditos, o de los más sutiles que dulcemente expresan sus órdenes diciendo: “órale, órale, ándale!” o de los que se van—dos rayitas arriba—, y le gritan al árbitro del partido (nosotros frente al televisor) con la esperanza de ser escuchados a través de la pantalla, marcarle al novio(a) mil veces a sabiendas de que no está. Hacer un meneíto en la fila del banco con la esperanza de ser vista y que el cajero se convierta en huarache veloz. Entonces… ¡eres impaciente! Esa es una clase aparte y voy, acto seguido, a decirte de manera sencillita, (para que no te impacientes) como es que la impaciencia, hace presa de ti.
La impaciencia es:
- Deambular obsesivamente alrededor de un resultado.
- Ambición de poder, cómo y cuando yo quiero las cosas.
- Gratificación inmediata.
- Falta de fe.
En el pasado, cuando niños, al no poder confiar en la dádiva parental nos convertimos en seres impacientes. Podíamos estar en la búsqueda del objeto anhelado “quiero, quiero, dame, dame…” y hasta no lograrlo no estábamos en paz. Claro está que algunos no conseguían nada y entraban en frustración desarrollando como adultos estados de enojo ante cualquier negativa, sintiendo rechazo y no pudiendo identificar el mismo como rechazo a la petición y no a ellos como personas. Algunos otros recibían gratificación inmediata y así crecieron, convirtiéndose en adultos demandantes con cero tolerancia a la frustración.

Detrás de estos estados hay temor, este a su vez propicia agresión, ya que toda impaciencia se basa en la lucha por el poder.
El lenguaje de la impaciencia es; “A mí, dame rápido! o mío, mío.” Esto se convierte en importancia personal propiciando que lleguemos a creer que todos nos deben rendir, que merecemos ser la prioridad de los demás. Lo único que logramos es que dejamos de usar nuestras facultades, nuestros atributos divinos y el punto final de la impaciencia es la depresión, porque no pudimos utilizar nuestro poder.
Como no quiero que se impacienten más aquí van mis pildoritas para aprender a ser más paciente:
- Dejar de culpar a los demás.
- No depositar atención obsesiva en el tiempo.
- Si ya sabes quienes te impacientan, no le pidas mangos a los mameyes.
- Hay que hacer un trabajo desde afuera y desde adentro, trabajo con mis aptitudes en mis actitudes.
- No tolerar la deshonestidad ni vendernos simulacros a nosotros mismos.
- Practica el ser paciente con quién más te impacienta.
- No olvides que fe significa; que nuestro cuerpo, mente y espíritu estén de acuerdo en todo lo que hacemos, pensamos y sentimos.
- Saber, que si no se libera la impaciencia, no se conoce el goce verdadero.
Píldora del gran TOTEM de los AGUERRIDOS
“Si no te sale bien a la primera, esto de la paciencia….no te impacientes trata unas 70 veces más.”
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