Por
Ana Dávila | Viernes 08 de abril de 2011
No creo que exista una frase que me haya puesto más de nervios que ésta. Es impactante como una voz ronca en el teléfono, desconocida, puede ponerme los nervios de punta de esta manera.
¡Y qué morbosa! Lo acepto… No puedo esperar el estreno de la nueva entrega de la franquicia de “terror” de Wes Craven: `Scream 4´ el viernes 15. O como dice una amiga “terror de risa”. Yo en particular no le encuentro lo gracioso.
Si la mera imagen mental de un cuchillo cortando carne humana me es imposible de aceptar… No entiendo por qué mi fascinación con este tipo enmascarado. Si no las han visto, no pretendo contarles el nombre de los asesinos –el cual conozco de memoria, qué pena-, pero sí les puedo decir que la sangre brota por todos lados y que el sonido del teléfono se convierte en lo más macabro.
¿Me siguen?

La foto más morbosa que pude encontrar...
Bien, pues entonces sabrán que a partir de estas películas, donde adolescentes en peligro de extinción descubren las “reglas” para no ser asesinados, yo pienso en las propias.
Uno, UNO POR FAVOR, ¿a quién se le ocurre, en medio de plena locura por un psicópata suelto, ir solo a algún lado? ¿QUÉ NO ESTÁ SUFICIENTEMENTE CLARO? A ver: el que vaya solo, indiscutiblemente va a morir. Especialmente si se trata de un estudio de radio o el segundo piso de una casa en plena fiesta. –Piel de gallina instantánea-.
De aquí mismo se desprende la regla dos. Jamás, por ninguna razón decir “Ahorita regreso”. Es como un mantra que grita “¡MÁTAME!” y por último: si te encuentras en un baño público, y bajo una de las puertas ves botas negras mineras ¡huye!, lo digo en serio, es algo que yo practico y –casi- nadie me tacha de loca.
Otro consejo: nunca voltees a ver quién está detrás de tu reflejo en un espejo… ¡De verdad!
Yo, por cualquier cosa, no planeo contestar el teléfono de casa hasta que el hype por `Scream 4´ haya muerto…

Emma Roberts es Jill, la prima de la eterna víctima Sidney Prescott.